Pues porque sí, porque ya era hora. En este preciso momento, en este instante, aquí y ahora; ya tocaba. Son muchas las pequeñas anotaciones que se quedarán en el tintero, tantas que con el paso del tiempo sencillamente procederán a diluirse “como lágrimas en la lluvia”. Quizás yo premeditadamente haya actuado como un “bountyhunter” de aquel ochentero y futurístico Blade Runner (Do Androids Dream of Electric Sheep) tras la caza de replicantes, puede ser, pero el caso es que aquí no habrá secuela de la primera porque con la original basta. Ha sido suficiente escarmiento y las dudas iniciales se confirmaron al final del largo trayecto.
Cuando tomé el relevo de quien lideraba la acción social de nuestro pequeño y representante grupo motero, para mí era un lujo que no nos podíamos permitir echar por la borda tantos años y aquel gran trabajo con sus buenas notas al final de la evaluación después de empezar de la nada, crear un grupo, consolidarlo, ser un referente y pasar a liderar la acción, así que tras todo ello también es verdad que el listón del relevo estaba alto. Quizás la decisión de dar un paso adelante (que también tocaba) era por un lado perteneciente al ámbito personal, pero de la misma mano viajaba la semilla de la duda acerca del porqué de esos cambios que se venían produciendo en ese momento del relevo, lo cual conformaba un segundo objetivo; dar con esos motivos, y ello me llevó unos años entre el “sube y baja”, “ahora aquí y ahora allí”, “primero de este modo y luego del otro”.
En cualquier caso, tras 7 años de periplos y observación luego bastaron con 6 meses más para confirmar lo que ya todos sabíamos y que como le dije recientemente a una compañera de viaje, la consecuencia, el final del viaje, la síntesis del grupo no era más que un espejismo, otro más. Y digo otro más porque entre los grandes comisionados que se reparten el pastel, no hay apenas diferencias entre ellos y en cambio, sí que abundan las carencias. Falta tanto por realmente hacer socialmente, que ya tengo claro que no va a llegar a producirse ningún cambio sustancial mientras este juego de cartas no cambie. Y por otro lado tampoco yo voy a poder ayudar y mucho menos lograr transformar el actual panorama en pro de objetivo principal, que creo que ya está completamente olvidado.
Conclusión; con lo cual y viendo que aquel torcido palo en el que entré no se iba a enderezar, aunque yo estaba recién llegado y parece ser que pilló por sorpresa a los mandamases mi propia y apoyada decisión de dar fin al periplo, no quedaba otra que despedirse nada más llegar a la cima ante la perplejidad pero uniforme respuesta que recibí (recibimos) … y se hizo el silencio (The Sound of Silence by Simon&Garfunkel).
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