El primer desengaño en la vida, perpetuo quizás para más INRI, es reconocer que las cosas no salen como uno quería. «De mayor comerás huevo» decían, «cuando seas mayor podrás hacer lo que tú quieras», «cuando cumplas 18 ya serás mayor de edad y podrás hacer lo que te venga en gana». Éstas y demás frases las hemos escuchado de boca de nuestros padres durante toda nuestra infancia, pubertad, adolescencia y juventud, pero manda narices que la gente se casa para seguir haciendo girar la rueda repitiendo todo el repertorio completo de forma instigadora y asfixiante a su propia prole. Y es cuando llegados a este punto alguien te pregunta: Te acuerdas cuando de pequeños te decían aquello de que cuando seas mayor … ¿qué tal lo llevas ahora?
Pues resulta que nos hemos olvidado de muchas de aquellas cosas, y otras simplemente no se logran cumplir. Para la mayoría resulta evidente que en gran parte, todo aquello que de pequeños alguna vez habíamos soñado se ha torcido y no se va a cumplir. Claro, que de pequeño adolecemos de ingenuidad y ello no ayuda a comprender que la realidad es bien otra a la que nos habían hecho soñar. Aquella hoy todavía eterna cuestión sobre qué queremos ser de mayores es verdaderamente tan ambigua como cierta. Ambigua, cuando queríamos ser bomberos y terminamos trabajando en la obra, y cierta, cuando quien posee ese distinguido gen de la nunca mejor traída certeza cuando alguien dice de que ese niño de mayor va ser cantante y va y lo borda el muy … «De mayor seguro que no será tan mono» diría alguna solo para joder, para apostillar de malas maneras rebosante de envidia.
Yo por ejemplo fui profundamente marcado por la TV y la radio, pero sobre todo por la música. Con menos de seis años sí que recuerdo levantarme pronto los domingos para, mientras mis padres aún dormían, yo poder enchufar el televisor y así escuchar música clásica interpretada por la orquesta de RTVE en el canal UHF y en directo. Años setentas estamos hablando. ¿Y dígame señora, porqué este niño es tan rarito? Disculpe, ¿cómo dice usted? A la gente no le cuadraba en la cabeza que para un niño tan pequeño su programa favorito en la tele fuera el telediario, los informativos. Bueno, lo cierto es que todo me gustaba, desde el formato tertulia hasta los programas infantiles ya más propios de mi edad; así que tan rarito tan rarito … no sé yo. Quizás los raritos fueran los que solo le gustaba una parte de la programación de la parrilla, no el que le gustaba toda.
Yo no tenía respuesta para esa preguntita de marras a esa edad. ¿Por qué tanta insistencia? Yo qué sé qué voy a ser de mayor, leñe. Soy pequeño y me conformo con aislarme en mi burbuja para limitarme a ver la tele que hoy echan una de vaqueros e indios, aquellas donde nació la mítica frase de «era más lento que el caballo del malo (de la película)». Sinceramente si hoy pudiera retroceder en el tiempo de pequeño habría escogido ser mejicano, sin duda alguna. Ese mejicano de poncho y pantalón blanco, tumbado a la sombra del porche de madera que bordea el bar del pueblo en la peli, siempre durmiendo y ajeno a la realidad de los silbidos de las balas, borracho de crueldad y achicharrado por el asfixiante bochorno de un escenario cutre en Almería que engañosamente nos vende el desierto californiano del Mojave.
Yo de mayor, decididamente quiero ser mejicano.
Deja un comentario